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Mostrando entradas de junio, 2010

Hasta el atardecer más rojo se desangra.

Mira como las blancas cortinas ondean con una brisa inexistente en la más absoluta obscuridad. Luego, y una vez más, el calor se unirá a la humedad y te envolverá como cada noche de verano. Esas en las que da igual como vaya todo, quién siga en tu vida y quién se haya ido para siempre. Noches en las que, por un momento, parece que cesa hasta el interminable golpeteo de tus latidos y, por fin, el silencio existe.
Noches en las que no importa absolutamente nada si no sabes a dónde ir, porque por ahora puedes tirarte en la hierba, mirar al azul oscuro del cielo y dejar que el tiempo simplemente pase.