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A las ocho de la tarde sonaban las campanadas llamando a misa de Santa Olalla. Una señora vestida de negro las escuchaba desde su piso sin dobles ventanas. Pero no acudía. Jamás salía de casa. Su nieta iba vestida de burdeos porque llovía, hacía frío y las hojas caían en el parque de enfrente. Mientras, la luz tenue y oblicua bañaba el suelo empedrado.

103

Podría contar mi vida a base de golpes de fortuna Y podría contar mi vida a base de fracasos amorosos, Pero no sé en cual de los dos contarte a ti.

102

Dime quién logró marcharse del todo con tantas cuentas pendientes a su espalda. Y dime cuándo saldó el tiempo lo que el hombre no pudo dejar a pachas.

96

Se encendía como las hogueras en la noche de San Juan. Ocurrió bajo la cruda luz del mediodía, con un revuelo de sábanas la llevaron en volandas. Los pliegues, al viento, decían adiós. Tú y el rojo de tu boca la veíais marchar, marchita. Entonces fue cuando las nubes se carbonizaron. Y el sol dejó paso a la lluvia.