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Mostrando entradas de febrero, 2011

Tengo un hambre atroz, pero analicemos los hechos.

El mundo es un lugar de color azul. Porque el azul es claramente el color más adorable posible y hoy el mundo es tremendamente encantador. Como mínimo.
Yo tenía unos puntos. En la herida que dejó mi ya no anexa muela del juicio. Bien, pues los puntos se han ido. Como los topes de apertura de mi boca. Estos van poco a poco; me cabe un dedo, uno y medio, dos dedos, dos y medio, tres, el miembro viril de Nacho Vidal...
No, es broma. Todavía intento llegar a los tres dedos.
Fuera hace buen tiempo. Il fait beau. Demos la bienvenida a las cálidas noches, objeto de mi amor eterno e incondicional. Ahora mismo mi ventana está abierta, la calle suena a murmullo voluble de gente, el aire acaricia y no acuchilla (como el frescor salmantino suele), huele a fritanga variada del Burger y Pans&Co.
Ya no es tiempo de barrigas planas y tornasoladas. Ahora, y gracias a mi ya no adjunta muela del juicio, es tiempo de barrigas planas blanco nuclear, o nucelar. A gusto del consumidor que lo solicite. Y e…

Comerle la boca al mundo.

A veces, cuando los extremos chocan, surge el dolor más sordo. O el placer más absoluto.

Posó sus dedos congelados sobre la carne ardiente y sintió alivio. Aunque no fuese bueno todo aquello, ni tener las manos tan faltas de calor ni la piel tan febril, no iba mal. Nada mal.