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Salamanca,

que enhechiza a voluntad de volver a ella a todos los que de la "apacibilidad" de su vivienda han gustado.

Ayer me volvieron a liar. El típico plan de "cerveceo de tranquis" que se desmadra y que acaba siendo "cachis en el pani". Ahora ando entre maletas y planteandome hasta que punto es necesario llevarme el portátil. De todas formas este no es el caso.
Hace tres años que vivo, sobrevivo (si se tiene en cuenta el frío) en esta ciudad cuya tradición universitaria tiene más años que tú, yo y el apuntador juntos. Cuando yo termine la carrera todo seguirá igual que cuando empecé, ya que si hace 40 años ya estaba así (de ello da fe mi padre), dentro de 40, exceptuando el nombre de algunos bares, todo seguirá igual.
La gente seguirá considerándose avanzada a su época, vestirá moderno, irá a bares con música moderna, se agobiará antes de exámenes, y se encerrará en las bibliotecas, se enamorará y se desenamorará, se emborrachará y saldrá los martes, los jueves, los viernes, los sábados, los domingos...habrá parejas que perduren y las habrá que rompan, a mucha gente le influirá este ambiente y les condicionará para el resto de sus vidas, otros, tristemente, saldrán de aquí como llegaron.

En fin, teniendo en cuenta que Salamanca no se para por nadie, ni siquiera por ti, ¿Vas a dejar que te pase por encima... o vas a pasar tu por ella?

Comentarios

  1. Bien dicho pollo, incendiemos esta ciudad para que cambie despues de estar nosotras xD

    I miss u

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  2. No solo vamos, corrijo, estamos pasando por ella, si no que sin duda la estamos cambiando.

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Dime que te vas, que no vas a volver. Dime que recogerás tus cosas y saldrás por esa puerta. Retorcerás el picaporte como si la vida te fuese en ello y nunca mirarás atrás. Dime que los recuerdos no existen, al menos no para ti, no para mí. Que nuestras vidas nunca se cruzaron, en ningún instante. Cuéntame cómo recorrerás las calles sin que ninguna vista te lleve a ningún momento. Enumera los lugares vacíos de sentimiento y luego visítalos, porque será la primera vez que lo hagas. Nunca hubo otra, nunca pudo haberla. Susúrrame lo que no hicimos, lo que no planeamos, lo que nunca hablamos. Escribe lo que nunca te dije. Luego quémalo y mientras mires el papel en blanco acuérdate de cuánto no te importaba. Sal por esa puerta y nunca mires atrás, porque atrás, ya te lo dije, no hay nada.
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